Baloncesto 3x3, un soplo de aire fresco de inspiración anarquista
Nos dicen que el baloncesto 3x3 nació en las calles. En mis recuerdos, corrían los años sesenta del pasado siglo, nació en el patio del colegio. Los juegos en los patios escolares han sido casi siempre sinónimos de anarquía. Con el tiempo, el baloncesto en los patios de los colegios casi ha desaparecido y ha cedido su protagonismo a las pantallas, pero también es cierto que han ido proliferando las canastas y las pistas públicas en multitud de plazas y jardines, lo que ha servido para que la popularidad del 3x3 crezca poco a poco junto a otras actividades o juegos urbanos. Prefiero hablar de actividades o juegos en vez de deportes. Sobre la diferencia entre juego y deporte hablaré más adelante.
Hoy todavía demasiada gente relaciona la palabra anarquía con descontrol o desorden. Sin embargo, la Real Academia de la Lengua, en su primera acepción, la define simplemente como ausencia de poder público, y después como desconcierto, incoherencia o barullo. Establece como sinónimos de anarquía los adjetivos desorden, caos, confusión y desgobierno, Los antónimos son ordenado, disciplinado y metódico. Aún se puede leer de vez en cuando en algunas crónicas deportivas que tal o cual equipo (de baloncesto, de fútbol, etc) jugó de un modo muy anárquico; otras veces se refieren a que un determinado equipo hizo un juego de “patio de colegio”.
El patio del colegio, pues, representaba el caos, el desorden, la confusión, la indisciplina y el desgobierno frente al orden que nos imponía la autoridad en el aula. Sin embargo, la mayoría de la veces se trataba de un falso desorden. Era más bien un orden anárquico, diferente, que los propios participantes establecíamos para estructurar nuestro juego, sin ser del todo conscientes de ello. Por otro lado, no era sencillo jugar partidos en un patio lleno a rebosar a la espera del timbre que nos devolvía a todos a las clases. En la calle ocurría algo parecido.
En el patio, en los días festivos, los partidos de 3x3 (o veintiunos como los llamábamos entonces) se sucedían uno tras otro casi sin interrupción. Los jugadores iban desapareciendo y apareciendo en un flujo continuo hasta que se apagaban las luces y se cerraban las puertas del colegio. Los que quedaban al final de la tarde posiblemente no habían iniciado el juego al principio de la misma. Muchas veces se desarrollaban varios partidos conjuntamente en una misma canasta, todos con parecida estructura. Lo importante era el juego en sí mismo, no los jugadores. Lo importante no era ganar, era seguir jugando.
El baloncesto, que empezó siendo un juego, hoy es un deporte en toda regla. Tiene sus normas que han de ser aceptadas por sus participantes, si no, sería otra cosa pero no baloncesto. A partir de ahí, una vez iniciado, el juego puede ser anarquía en el sentido antes expresado, o, por decirlo de otra forma, reconvertirlo en un juego volviendo a sus orígenes o intentar tenerlo todo bajo control, para que siga siendo un deporte y un negocio. Las federaciones y los clubs se han convertido, hoy en día, en empresas de servicios.